UNA FELIZ NAVIDAD
7 Enero 08 - Sección "General"
Hacía semanas que llegó. Su dueño la habia traído porque no servía para cazar, como tantos y tantos otros y por no “matarla” quería que le buscaramos un hogar.Y allí estaba ella, con todos sus compañeros en la zona de entrada, pero mientras otros que habian llegado el mismo dia o incluso después, correteaban o jugaban con otros perros, Rubia se mantenía en un rincón, tumbada, embutida en su abrigo, mirando a los demás, pero sin verlos. Se diría ensimismada en sus pensamientos, si es que los perros piensan.
La tarde de Nochebuena, en LAS NIEVES es un día más, en el que nuestros acogidos precisan de nuestras atenciones, pero nos extrañó que un coche llegara al albergue.
De pronto, Rubia se puso en pié y comenzó a moverse inquieta. Nos pareció raro. Salimos a la puerta para ver que quería nuestro visitante. Traía un nuevo “desecho” que no valía, incluso en Nochebuena, pero en fín, mejor así que en mitad del campo o en las perreras municipales.
A nuestras espaldas oímos un gran revuelo. Es habitual cuando nos llega un nuevo “acogido”, pero en esta ocasión Rubia estaba la primera.
En la zona de entrada, entre dos puertas, nuestra nueva “acogida”, con el rabo entre las patas estaba asustada por lo que el destino le podría deparar. Al otro lado de la puerta Rubia ladraba y daba brincos. Abrimos la puerta y juntamos a las dos. Rubia comenzó a girar alrededor de Diana. Le daba lametazos en el hocico, le ponía la pata sobre el lomo. Su rabo era como un látigo y apenas podía contener su alegría. Al fin, Diana reaccionó y entre las dos iniciaron una especie de baile, en el que los lametazos y rabazos se sucedían sin cesar.

Sí, nosotros sabíamos que nuestro visitante era el antiguo dueño de Rubia, pero lo que desconocíamos era que toda la tristeza de Rubia desaparecía en el momento que se encontrara con su hermana. Unidas al nacer, unidas en el abandono, unidas para la búsqueda de una nueva vida.
Para Rubia, ésta ha sido una Feliz Navidad.
La tarde de Nochebuena, en LAS NIEVES es un día más, en el que nuestros acogidos precisan de nuestras atenciones, pero nos extrañó que un coche llegara al albergue.
De pronto, Rubia se puso en pié y comenzó a moverse inquieta. Nos pareció raro. Salimos a la puerta para ver que quería nuestro visitante. Traía un nuevo “desecho” que no valía, incluso en Nochebuena, pero en fín, mejor así que en mitad del campo o en las perreras municipales.
A nuestras espaldas oímos un gran revuelo. Es habitual cuando nos llega un nuevo “acogido”, pero en esta ocasión Rubia estaba la primera.
En la zona de entrada, entre dos puertas, nuestra nueva “acogida”, con el rabo entre las patas estaba asustada por lo que el destino le podría deparar. Al otro lado de la puerta Rubia ladraba y daba brincos. Abrimos la puerta y juntamos a las dos. Rubia comenzó a girar alrededor de Diana. Le daba lametazos en el hocico, le ponía la pata sobre el lomo. Su rabo era como un látigo y apenas podía contener su alegría. Al fin, Diana reaccionó y entre las dos iniciaron una especie de baile, en el que los lametazos y rabazos se sucedían sin cesar.

Sí, nosotros sabíamos que nuestro visitante era el antiguo dueño de Rubia, pero lo que desconocíamos era que toda la tristeza de Rubia desaparecía en el momento que se encontrara con su hermana. Unidas al nacer, unidas en el abandono, unidas para la búsqueda de una nueva vida.
Para Rubia, ésta ha sido una Feliz Navidad.
